- Cronica
Una dosis diaria de Fortaleza
Aquel 12 de agosto del año 2009, Alejandro Pérez un joven trabajador y dedicado a sus estudios se dirigía a su ciudad natal Barinas, no iba como en cada viaje a casa de sus padres, esta vez se dirigía al hospital general en donde le esperaría una noticia que le cambiaría la vida por completo y que sin saberlo lo haría parte de las estadísticas generales de la gente que padece de esta letal enfermedad.
Para ese tiempo apenas Ale, gozaba de la maravilla de los 21 años, estudiante de una reconocida Universidad en el estado Barinas, caminaba feliz de la vida debido a una nueva oportunidad que la vida le había brindado de amar nuevamente, sin saber que justo ese día el destino le iba a sacudir el mundo.
Llego a las 2 de la tarde al Hospital de Barinas a buscar unos resultados de exámenes cuando escucha el llamado del doctor, el cual lo hace entrar a la oficina como si acabara de enterarse de algo fatal, para su sorpresa los exámenes médicos que Alejandro se había hecho habían arrojado que este había contraído el Virus de Inmunodeficiencia Humano o como todos los llaman VIH.
Ale, como lo llaman sus amigos, asegura que recuerda ese momento como el momento más “horrible de su vida”, aún recuerda cuando el doctor repite las palabras “y aun siento que es la primera vez que me lo dicen”. El doctor le asegura que con la ayuda que brinda el Gobierno todo va a estar y que tiene grandes posibilidades de vivir muchísimos años, todo esto mientras procede a realizarse una entrevista de rutina para tener una idea de cómo el paciente pudo haberse contagiado del virus, ya al momento de llegar a la pregunta final a Alejandro se le vuelca el corazón al escuchar la última pregunta por parte del doctor -“eres gay?”-, a lo que Alejandro lo piensa dos veces antes de contestar “no”, el doctor tomo notas y lo despide haciéndole una cita para el otro día.
Pensando, de vuelta a su casa en Barinas, la manera en cómo le iba a decir a su familia esta noticia, llego a su casa con un cambio de actitud y una sonrisa que nadie pudo haberse dado cuenta de que por dentro se estaba muriendo, lentamente cae la noche y la mama de Alejandro se acuesta a dormir, a lo que este reúne a los 2 hermanos en el patio de su casa para comentarle el día y la noticia que había tenido. No había terminado de contar lo que sucedía cuando la hermana ya estaba llorando de nada más pensar en lo que se imaginaba y peor aún ya que de igual manera pensaba en cómo decírselo a sus padres. Años atrás los doctores le habían advertido después de un infarto que le dio a la mama que ella no podía tener emociones fuertes por que le podría causar un paro cardiaco y morir.
Los tres hermanos se paran de sus asientos tratando de disimular los llantos para no hacerle cara a su padre que seguía rondando por la cocina hasta que al fin, se van cada uno a su cuarto.
A las 6 de la mañana del 13 de agosto de 2009, “me desperté queriendo que todo fuera una pesadilla, para ese momento aún estaba gordito, y solo pensaba que mis santos me habían recomendado en una consulta a principio de año que me cuidara con problemas en la sangre, y yo nunca les hice caso”. Ya en el hospital le empezaron a hacer exámenes de rutina. Regresó a su casa en horas de la tarde, llegó tirándose a la cama para dormir hasta que el cuerpo se lo permita, cuando despertó al otro día se da cuenta que su cuerpo estaba lleno de lo que según el “parecían picadas”, pero no tardo mucho tiempo en darse cuenta de que los medicamentos que le habían dado y las diferentes vitaminas que le habían suministrado le estaban creando una reacción alérgica, que poco a poco fue empeorando. Ese mismo día en la noche ya Alejandro no podía moverse de lo débil que se sentía, como pudo se levantó y se fue a un Centro Diagnóstico Integral (CDI), en donde trabajaba una cubana muy amiga de él, la cual le suministro un líquido para parar el esparcimiento de la alergia por todo el cuerpo, estuvo ahí hasta un poco más de las doce de la madrugada cuando decidió emprender de nuevo el camino hacia su casa, donde casi a 2 cuadras casi le dice adiós a la vida debido a lo que pudo haber sido un choque el cual el otro carro pudo evadir, logro llegar a su casa sano y se acostó a dormir nuevamente sin saber que le depararía el destino.
Así fue adquiriendo más delgadez, ya que los doctores le fueron pidiendo que por su salud debe cuidarse más, en cuanto a alimentación, modo de vida y vida sexual, al tomar los medicamentos que le daban gratis en el Hospital y empezar el tratamiento debía parar el alcohol, el cigarrillo incluso hasta los trasnochos seguidos. Poco a poco, día a día Alejandro se iba adentrando más a lo que era la enfermedad, y más aún, cuando se contagió de la primera gripe desde que tenía el VIH. Aquel día nublado llego al Hospital nuevamente a hacerse los exámenes de chequeo para saber cómo estaban sus valores, cuando por la puerta apareció una de las enfermeras vestida como si fuera a tratar con criaturas de otros mundos, “como si tan solo por tocarme fuera a contraer el virus” relata con voz de indignación “ y no se les puede decir nada porque son capaces de quitarnos el tratamiento” lo dice con sus ojos azul celeste empañados en lágrimas, debido al decaimiento que sufrió por esa gripe que hasta le impedía tragar por la inflamación tal que tenía en la garganta solo se le permitía tomar sopas y cremas.
De esta manera pasaron sus días en Barinas, hasta que llego el día en el que llego el inicio de clases nuevamente y tuvo que regresar a la Universidad, su pareja lo esperaba con emoción debido a más de un mes que tenían sin verse, como era de esperar Alejandro tenía que fingir total felicidad, preguntándose si decírselo o no y peor, si la pareja lo apoyaría o lo dejaría, pasaban muchas cosas por su cabeza pero lo único que en ese momento podía hacer era únicamente sonreír y fingir que todo estaba bien.
Pasaban los días y el compañero amoroso de Alejandro se iba dando cuenta de que algo estaba mal, no importaba cuanto intentaba preguntarle la respuesta siempre era la misma “no pasa nada”, luego, días después, una tarde Alejandro decide contarle a su pareja lo que en realidad le estaba pasando, entre lágrimas le pedía que por favor no lo dejara, la pareja ante tan impresionante noticia empieza a llorar diciéndole “todo estará bien, vamos a superar esto”.
“Cuando una persona padece esta enfermedad debe dar todos los días gracias a Dios cada vez que despierta, por la nueva oportunidad de vida que nos esta brindado de vivir”, esto le quedo claro cuando en una de las consultas que le hacen anualmente en su religión le dijeron que si no se bautizaba lo antes posible, la muerte lo esperaría en 5 años, esto causo una impresión tan grande que inmediatamente empezó a buscar ayuda, pudo encontrar vender varias cosas pero nunca pudo reunir los 23 millones que el padrino le pedía para poder bautizarlo en su religión, el cual le dejo claro desde un principio que sin el dinero no podría hacer nada. No le quedo de otra que resignarse, seguir trabajando dignamente para lograr reunir la mayoría del dinero para poder hacer la ceremonia de bautizo.
Hoy en día a 3 años de habérsele diagnosticado el virus Alejandro vive su vida como cualquier persona de 23 años de edad, con sus limitaciones y sus caídas, está a punto de graduarse de Abogado y ya se van a cumplir 3 años desde el momento en los cuales, el padrino de su religión de predijo su muerte, pero aun así sigue viviendo su vida lo más normal que puede, pensando como cualquier persona sana, “cuando toca, toca” dice mientras aparece una sonrisa de esperanza en su rostro.
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